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Esto va de curvas

Miriam Hernando de Frutos Coachingo
24 Mar 2020 BLOG_NUM_COMMENTS

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Mucho se está hablando durante las últimas semanas de aplanar la curva de contagios para no saturar el sistema sanitario. Todos estamos pendientes de, como parece que se empieza a vislumbrar en Italia, lleguemos a ese pico y esa no deseada curva vaya menguando hasta que no haya ningún riesgo de falta de material y se asegure que hay medios para atender a todos aquellos enfermos que necesiten asistencia.

Es una situación nueva y desbordante al no haber conocido ni esperado un escenario como este. Por eso hay otra curva a la que de forma personal nos tendremos que enfrentar, la de nuestros estados mentales. 

Y es que una de las razones por las que pienso que hemos reaccionado tan tarde, incluso gente que sigue sin reaccionar, es un estado inicial de negación de que nos estuviera pasando a nosotros. Lo veíamos lejos, en China, algo a lo que no se dio la menor importancia a pesar de que las medidas que estaban tomando en ese país eran más que serias. Pero ahora con la globalización lo que ocurre en un país rápidamente se propaga al resto del mundo.

Una vez comenzaba a extenderse en Europa y se daban los primeros casos en España comenzamos a tener miedo, a procesar que no era una enfermedad lejana que pudiéramos parar y cuanta más información leíamos acerca del virus, más miedo se nos iba metiendo en el cuerpo. No estábamos a salvo, ni los nuestros tampoco. Las consecuencias de este miedo se han visto en los supermercados y el desabastecimiento de algunos productos de primera necesidad en apenas horas. Y esto genera más ansiedad y miedo por la falta de recursos para nuestra supervivencia y así. 

Pasa el tiempo y no te queda otra que aceptar la situación. Aceptar que tienes que cuidarte y cuidar de tu entorno, que te tienes que quedar en casa hasta nuevo aviso y salir solo para lo estrictamente necesario. Tomas conciencia que de tus acciones dependerá también que la cifra de fallecidos suba con mayor o menor velocidad.

Aquí llegamos a la etapa final, la fase ya no solo de aceptación, sino de responsabilidad de nuestros actos, en la que estamos la mayoría. Ya no esta tan mal quedarse en casa si es por el bien común, te creas una rutina y se empiezan a formar eventos desde el balcón o terraza con suerte, y sino desde la ventana. Cadenas de favores, difusión de necesidades urgentes, servicios de empresas de forma gratuita….Comienza la responsabilidad y con ella la solidaridad, algo que por suerte suele aflorar con más fuerza en los peores momentos.

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