Permiso de paternidad

Miércoles, 22 Enero 2020

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En marzo de 2019, el Gobierno aprobó la ampliación de la duración del permiso de paternidad a ocho semanas desde el 1 de abril de 2019, a doce semanas a partir del 1 de enero de 2020, y a dieciséis semanas desde el primer día de 2021. El objetivo de esta ampliación progresiva es igualar la duración del actual permiso de paternidad al de maternidad, con el que es plenamente compatible.

A continuación, te damos algunas de las claves sobre este permiso, y compartimos algunas reflexiones sobre el mismo:

Tanto el padre como la madre pueden disfrutar de sus permisos respectivos completos

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Hasta ahora, el permiso del padre sólo podía ampliarse si la madre le cedía semanas, lo que, como es obvio, repercutía negativamente en el permiso de ella. En este sentido, los nuevos permisos reconocen, no sólo la importancia de que los dos miembros de la pareja se involucren desde el principio en la nueva situación familiar, sino también la necesidad de cada individuo (tanto el padre como la madre) de estar plenamente presente con y para su hijo durante los primeros meses de su vida.

Las primeras cuatro semanas del permiso son obligatorias

El resto puede disfrutarse más adelante, o a la vez que la madre disfruta del suyo... Es algo que queda a la libre elección de cada pareja. Esto ayuda a atender la inmediatez del cambio en el seno de la familia con todos los trámites que conlleva, así como también contribuye al bienestar del niño, que cuenta con sus dos padres más tiempo, y al de la madre, que dispone de un mayor apoyo en las primeras semanas, en las que también ella necesita irse recuperando física y emocionalmente.

La madre tiene el deber; el padre, sólo el derecho

Además del beneficio obvio para el padre y para su pareja e hijo, este nuevo permiso promueve de facto un cambio cultural que es necesario: no es sólo la madre quien debe poder gozar del derecho a disfrutar del bebé, ni es únicamente ella quien debe atender la necesidad de cuidarlo. A medida que más y más padres disfruten de estos permisos, el prejuicio hacia la mujer que se convierte en madre, ese prejuicio por el cual, con frecuencia, pasa a ser una profesional de segunda clase al no estar disponible durante unos meses o tener otras prioridades y responsabilidades, se irá diluyendo. Asimismo, la necesidad emocional del padre de estar con su hijo y ajustarse a la nueva realidad queda también reconocida. Sin embargo, al no tratarse de un derecho irrenunciable para el padre, es más fácil para éste ceder ante, por ejemplo, presiones o demandas laborales. En muchas empresas, aún hoy en día, no está bien visto que el hombre se acoja a una baja por paternidad. El resultado práctico dependerá en buena medida de cada caso particular.

¿Qué pasa más allá de nuestras fronteras?

En la mayoría de países europeos, los permisos de paternidad y maternidad no están equiparados. Así pues, estos nuevos permisos de paternidad sitúan a España en una posición más avanzada en cuanto a igualdad de género. Esto no quiere decir que la situación sea mejor en sentido amplio, dado que los permisos de maternidad en muchos países de Europa son bastante más largos que las dieciséis semanas españolas. Por así decirlo, los nuevos permisos de paternidad igualan ambos géneros dentro de nuestras fronteras, pero seguimos teniendo camino por recorrer si atendemos a lo que ocurre fuera de ellas en cuanto a cobertura social y legal ante el nacimiento de un hijo.

Existen, a mi juicio, razones por las que tiene sentido que el permiso de la madre sea más largo: para empezar, ella soporta la carga física del parto y, en muchos casos, de la lactancia. También existen motivos para opinar que el permiso del padre debería ser obligatorio, y no potestativo, si pretendemos que sea una medida efectiva hacia la igualdad de género. En todo caso, hay una realidad innegable: si ambos permisos, el de paternidad y el de maternidad, están muy descompensados, automáticamente se genera una situación que perjudica a la mujer. Será ella quien siga cargando con el sambenito del absentismo laboral; seguiremos siendo sólo nosotras quienes soportemos la carga cultural negativa alrededor del hecho de estar de baja por maternidad.

Por otra parte, a la hora de analizar la igualdad en el trabajo de la mujer que se convierte en madre, hay muchos otros elementos que influyen y que, en muchos casos, no tienen lugar inmediatamente después del parto sino en los años siguientes. Me refiero a los permisos de lactancia, las jornadas reducidas... Para terminar con la mala imagen que confiere a la mujer profesional el hecho de convertirse en madre hace falta mucho más que un permiso de paternidad voluntario. El cambio de mentalidad debe ser más profundo, con el hombre más implicado, no solo en las primeras dieciséis semanas, sino en la crianza a lo largo de los años. La solución pasa por que cada pareja elija lo mejor en su caso concreto, sin que se dé por sentado que será ella quien reduzca su jornada y él quien trabaje jornadas completas. En este sentido, tenemos que tener claro que, sean cuales sean los derechos legalmente reconocidos, la decisión crucial es la que se toma en la intimidad de nuestro hogar.

Otro punto importante es la eliminación de la visión cortoplacista por la cual una mujer es menos rentable para la empresa solo porque durante su edad fértil está unos meses de baja; un prejuicio que, en muchos casos, supone el total estancamiento de la carrera laboral de la mujer. Muchas personas, hombres y mujeres, por variados motivos de salud o personales, disfrutan en algún momento de su vida laboral de bajas más largas que las de maternidad. A largo plazo, unas semanas de baja no tienen ningún impacto en la carrera profesional. En cuanto a la reducción de jornada, el rendimiento o la valía profesional de una persona no se mide sólo en tiempo. Además, hay estudios que demuestran que el rendimiento laboral de muchas madres con jornada reducida es superior al de sus colegas masculinos que trabajan a jornada completa: han desarrollado una mayor capacidad de priorización, organización y flexibilidad. Finalmente, la igualdad de género en torno a la maternidad pasa por la implantación de medidas de flexibilidad laboral y de teletrabajo que permitan a las madres y padres organizarse de la forma que mejor les permita compatibilizar sus responsabilidades, lo que irá en beneficio de su rendimiento y, a la larga, de la productividad y los resultados la empresa.

A mi juicio, los permisos de paternidad suponen un paso en la dirección correcta; un paso discreto que, para resultar efectivo, deberá venir acompañado de un abordaje mucho más amplio para una cuestión compleja y que nos atañe a todos: no hay nada más importante que nuestros hijos. En cualquier caso, estos permisos demuestran que igualar los derechos del hombre a los de la mujer revierte en beneficio de la mujer y del conjunto de la sociedad. Para quienes se cuestionan las propuestas y actitudes feministas, lo mismo sucede cada vez que la mujer asciende un escalón en el camino a la igualdad: el mundo es un poco mejor para todos.

 

maria-traver-andujarPor María Traver, Senior Researcher en TNS
Linkedin: María Tráver
 

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