Una apuesta por la visibilidad para romper el techo de cristal

Lunes, 10 Septiembre 2018

Mujeres que contamos¿Qué hacen una ministra, una activista, una periodista y una cantante sentadas en el centro de un escenario? La respuesta es sencilla: reivindicar una solución a los problemas que tienen en común, como el techo de cristal que ya tocamos con los dedos pero que muchas veces, aún, se resiste a nuestros golpes. O como la violencia de género, cuyos golpes no logramos frenar, por más que intentemos acabar con esa lacra desde la educación, la prevención y otras políticas que han reducido la cifra de víctimas, pero aún no han acabado con ella.

Nuria Coronado, periodista, escritora y activista feminista, fue la organizadora de este encuentro, que se celebró el primer sábado de septiembre en la sede del Partido Socialista en el distrito Centro de Madrid. Junto a ella, se sentaron la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto; Marina Marroquí, educadora social y presidenta de Asociación Ilicitana contra la Violencia de Género; Lucia Mbomio, periodista y escritora; y la cantante Arita Mitteenn.

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Techo de cristal, oportunidades laborales, corresponsabilidad, educación, racismo, sexismo, violencia de género, cosificación, misoginia, homosexualidad, comunicación y música fueron los temas que las ponentes trataron en sus intervenciones y en la mesa redonda posterior.

Se necesitan políticas de igualdad

Para la ministra de Industria, al hablar de la presencia de la mujer en puestos representativos y en sectores masculinizados, “no se trata de ir sumando mujeres en puestos y de que cada vez seamos más, se necesitan políticas de igualdad”. Una igualdad que ayudaría a aumentar la presencia femenina en la industria, donde sólo alcanza el 20% de los empleos. Para ello, señaló, es importante sensibilizar a las niñas en las etapas educativas para atraerlas a las disciplinas STEM.

Son muchas las barreras que hay que romper, y están en todos los sectores. Por eso, Maroto también se refirió a las empleadas de limpieza de hoteles, conocidas como “kellys”. También habló de violencia de género, pobreza infantil, trabajo digno, conciliación... “El 8-M ha sido el punto de inflexión que necesitábamos –señaló–. He llegado incluso a dar charlas en espacios donde me han terminado pidiendo perdón por el escaso número de ponentes mujeres que había.”

En su intervención, Marina Marroquí se centró en la materia a la que dedica sus esfuerzos, la violencia de género, e insistió en la prevención desde la adolescencia: “Trabajando con los jóvenes me he dado cuenta de que el maltratador había sido su primera relación –explicó–. Hay que desmontar el machismo desde la raíz, las jóvenes no detectan los micromachismos: permiten acceder a sus redes porque no tienen nada que ocultar, y les gusta que sus parejas muestren celos porque piensan que eso significa que las quieren”.

Educación y prevención

Mujeres que contamos 2Combatir la violencia de género no es fácil, “tras la denuncia comienza un infierno”, según Marroquí. Y después viene otra fase también complicada, el trabajo para recuperar plenamente a la víctima “para que pueda volver a ser feliz sin apenas secuelas”. La educación es fundamental para acabar con esta violencia, y la detección precoz es imprescindible “porque sólo damos un paso adelante cuando nos van a matar o cuando estamos tan muertas que somos nosotras las que intentamos rematar la faena, y a veces ni eso”.

La periodista Lucía Mbomio reivindicó el valor de las mujeres negras en la sociedad, que hoy por hoy se difumina en la información que recibimos de los medios de comunicación: “Si buscas mujer en Google, hasta la quinta página no aparece una mujer negra, las anteriores son blancas, lo normal. Su presencia se reduce a algo puramente sexual”. Según denunció, el sensacionalismo vence al rigor y, por ejemplo, las informaciones sobre inmigrantes utilizan palabras como oleada, invasión y avalancha en lugar de llegada, las mujeres que aparecen en las fotos son siempre las embarazadas o con niños, y cualquier mención a su origen se reduce a un genérico “África subsahariana”. Incluso la intensidad del color de la piel parece marcar diferencias: “A mí me han llegado a decir que no me preocupe, que tampoco soy muy negra”, aseguró.

La cantante Arita Mitteenn puso el tono lúdico al encuentro, y habló de la canción como herramienta de conciencia, un fenómeno que logra mover a la gente. Antes de empezar a cantar, revisó el papel de las mujeres en las letras de las canciones, y afirmó que muchos temas “siguen perpetuando el patriarcado”. “La música potencia las imágenes, crea efectos fácilmente manipulables porque manipula las emociones”, explicó. Y como ejemplo de ruptura con esas premisas, destacó la canción de Mari Trini "Yo no soy esa", que logra romper el mito de la mujer a los pies del hombre.

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