Hacia una sociedad adhocrática

Jueves, 26 Marzo 2020

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Mucho se ha hablado de las principales habilidades y competencias más buscadas por los profesionales en las empresas, y todos hemos actualizado nuestros currículums para incluir una de ellas. Hablamos de la adaptabilidad al cambio, la habilidad estrella en los últimos días y, más aún, en estos tiempos convulsos. Y es que no es de extrañar que se encuentre en el top 1 cuando vivimos en un entorno tan cambiante como el actual. Los puestos y los perfiles hace tiempos que dejaron de ser estáticos y se ha acrecentado esa necesidad de evolucionar. Debemos desaprender para volver a aprender, y no es fácil. Somos animales de costumbres y todo cambio nos asusta, pero es el momento de hacerlo. Nos ha tocado vivir un momento histórico y debemos adaptarnos a este cambio si queremos continuar en el camino. Ya lo decía Darwin en su teoría sobre la evolución: "Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio y son capaces de transmitir genéticamente esa información a sus sucesores".

Y es que, como todo en la vida, no es cuestión de fortaleza sino de adaptabilidad. Lo que no imaginábamos es que íbamos a tener que adquirir esta competencia a la fuerza y, precisamente ha tenido que ser una emergencia sanitaria como la que estamos viviendo la que nos obliga a adaptarnos, queramos o no. El Covid-19 ha entrado de lleno en nuestras vidas y nos ha obligado a cambiar nuestras costumbres de un día para otro. Hemos tenidos que adaptar nuestra forma de trabajar, nuestra manera de hacer deporte, de seguir formándonos, de celebrar nuestros cumpleaños o de relacionaros con nuestros amigos y familiares. En definitiva, nos han coartado la libertad de poder salir libremente a la calle, y no nos ha quedado otra opción que adaptarnos. Y no solo nosotros, las empresas también han tenido que hacerlo. Nos encontramos en el momento de la verdad y comienza el tiempo de descuento para averiguar quién lo consigue y quién se queda atrás.

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Estamos viviendo tiempos convulsos, de una incertidumbre extrema, que no solo afecta a nuestra salud, sino también a nuestros trabajos, a nuestra economía y, es sin duda, la prueba de fuego para nuestras empresas. Experimentaremos un cambio de paradigma donde nuestro entorno actual ya no será el mismo que conocemos. Esta pandemia nos ha inmerso en una nueva crisis financiera y, siempre tras toda crisis, todo cambia. Será un punto de inflexión para que el sistema evolucione, pero no debemos ver esta crisis como una desgracia sino como una oportunidad. Una oportunidad para el cambio, una oportunidad para las nuevas empresas, una nueva oportunidad para los nuevos negocios y, sobre todo, para las nuevas personas.

Veremos en nuestro propio reflejo ese cambio en las personas, dejaremos de vivir tan rápido y nos pararemos más a disfrutar de la vida y de nuestra familia, y volveremos a recuperar esos valores tan necesarios para la sociedad que habíamos perdido. Pero el gran cambio, vendrá de la mano de nuestras empresas, sobre todo de las que han intentado anclarse por todos los medios, mostrando esa gran resistencia al cambio. Será el tiempo de las startups que serán las que realmente den valor a la sociedad.

En definitiva, asistiremos en primera línea, a la desaparición de las organizaciones, tal y como las conocemos, y a la era de los nuevos negocios, regidos por nuevas normas. Comenzará la etapa de los trabajos por proyectos, la aplicación de nuevas metodologías como las que ya han ido naciendo en empresas punteras de nuestra sociedad. Nuevas formas de trabajo que nos permitirán ser más adaptativos, ágiles y flexibles, y que ayudarán a incrementar la transparencia, la motivación y la implicación, además de poner foco y cumplir objetivos.

Ya no servirá de nada lo aprendido. Cada día hay más incertidumbre y ya no se pueden aplicar los principios que nacieron en entornos mucho más seguros. No hay que dar nada por sentado.

En definitiva, nos dirigiremos cada vez más hacia los modelos adhocráticos en las organizaciones, que ya han visto su auge en las empresas tecnológicas del siglo XXI. Asistiremos a la proliferación de las estructuras organizacionales que no siguen los convencionalismos, carecen de jerarquía y reglamentos y buscan por encima de todas las cosas la innovación.

El teólogo, matemático y escritor inglés William George Ward decía: "El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas". Este realismo es el optimismo verdaderamente inteligente. Debemos ser realistas, no va a ser fácil, pero la solución está en nosotros mimos. Las personas seremos las que cambiemos la tendencia y es el momento de hacerlo. Si tú cambias, todo cambia. Y recordad, no gana el más fuerte sino el que mejor se adapta.

Es el mejor momento para crecer, evolucionar y ser mejor persona.

Mucha fuerza.

Eva Cuetos.

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