¿Diriges tú o tus miedos? Sol Villar explica cómo aprender a liderar

Publicado el 22 de octubre de 2026

Tienes experiencia, conoces tu trabajo y has asumido responsabilidades. Sin embargo, cuando llega el momento de delegar, poner límites o tomar una decisión difícil, aparece una pregunta: «¿Y si yo no valgo para esto?».

En Womenalia, ponemos el foco en una creencia que puede frenar el desarrollo de muchas profesionales: pensar que para liderar hay que nacer con un carácter determinado.

Sol Villar, consultora organizacional y coach directiva, especializada en Liderazgo Neurointegrativo Femenino™ y gestión del cambio tecnológico, propone revisar esa idea y observar qué hay detrás de nuestra manera de dirigir.

Su punto de partida es claro: el liderazgo se aprende. Y ese aprendizaje también implica reconocer los miedos, las creencias y los hábitos que influyen en nuestras decisiones.

¿Hay que tener un carácter especial para liderar?

«Me cuesta imponerme», «no tengo carácter para mandar» o «hay personas que nacen con eso». Sol encuentra estas expresiones en formaciones, sesiones individuales y conversaciones con empresarias y directivas.

Son frases distintas que comparten una misma suposición: que la capacidad de liderar es un rasgo que se tiene o del que se carece.

La investigación ofrece una visión más amplia. Un estudio de Richard Arvey y su equipo con mujeres gemelas encontró que, al controlar los factores genéticos, la experiencia laboral seguía relacionada con ocupar puestos de liderazgo. Conviene distinguirlo: investigaba el acceso a esas responsabilidades, no la calidad del liderazgo ejercido.

La evidencia sobre formación también resulta relevante. Un metaanálisis publicado en 2017 en el Journal of Applied Psychology, basado en 335 muestras independientes, encontró mejoras en el aprendizaje, la aplicación de habilidades y los resultados tras la formación en liderazgo.

La experiencia y el entrenamiento cuentan. Ser prudente, sensible o tener dudas no impide desarrollar habilidades para dirigir.

Cuando el miedo influye en tu forma de dirigir

Aprender a liderar exige observar cómo actuamos en situaciones reales, especialmente cuando sentimos presión.

Sol plantea ejemplos que muchas profesionales pueden reconocer: una directiva que concentra todas las tareas porque le cuesta confiar; una empresaria que evita defender sus honorarios por miedo al rechazo; una responsable que pospone una conversación incómoda para no decepcionar a su equipo.

Estas conductas pueden tener causas diversas. La propuesta es explorar qué las sostiene, en lugar de asumir que forman parte de una personalidad imposible de cambiar.

«El miedo a equivocarse se convierte en control».

Desde la perspectiva de Sol, reconocer ese patrón abre una posibilidad de aprendizaje: practicar la delegación, expresar un límite o afrontar una conversación de otra manera.

Síndrome de la impostora: la experiencia no elimina todas las dudas

La inseguridad también aparece entre mujeres con trayectorias consolidadas. En el informe de KPMG de 2020 sobre liderazgo femenino, el 75 % de las directivas encuestadas afirmó haber experimentado sentimientos asociados al síndrome de la impostora en algún momento de su carrera. El dato describe a las participantes del estudio y no debe extenderse automáticamente a todas las profesionales.

Para Sol, trabajar estas dudas forma parte del desarrollo del liderazgo: observar cómo afectan a la capacidad de decidir, reconocer los propios logros y pedir apoyo cuando se necesita.

Ese trabajo convive con otro igualmente necesario: revisar las condiciones y las barreras del entorno en el que las mujeres ejercen sus responsabilidades.

Liderazgo neurointegrativo: observar, practicar y recibir feedback

Sol denomina Liderazgo Neurointegrativo Femenino™ a su enfoque, que propone trabajar con los pensamientos, las respuestas corporales y la historia personal que intervienen en la manera de liderar.

Su planteamiento invita a prestar atención a lo que ocurre antes de reaccionar: qué situación activa la tensión, qué interpretación hacemos y qué respuesta repetimos.

Entrenar el liderazgo, desde esta perspectiva, implica:

  • Reconocer patrones: identificar qué evitas, qué controlas en exceso y qué decisiones aplazas.

  • Observar tus respuestas: detectar señales de tensión y darte espacio para elegir cómo actuar.

  • Revisar creencias: cuestionar ideas como «si delego, perderé el control».

  • Practicar conductas nuevas: ensayar conversaciones, límites y formas de delegar en situaciones concretas.

  • Recibir feedback: contrastar tu intención con el efecto que produces en otras personas.

Tu desarrollo también llega a tu equipo

La forma de dirigir influye en la experiencia de quienes trabajan contigo. Gallup estima que los responsables explican al menos el 70 % de la variación en las puntuaciones de compromiso entre unidades de negocio. Esa cifra se refiere a diferencias entre equipos, no al porcentaje del compromiso individual de cada empleado.

Cómo distribuyes responsabilidades, escuchas una propuesta o respondes a un error contribuye a crear el entorno de trabajo.

Por eso, desarrollar nuevas habilidades tiene consecuencias más allá de tu propia confianza: puede ayudarte a ofrecer instrucciones más claras, sostener conversaciones necesarias y dar mayor autonomía a tu equipo.

Una pregunta para las profesionales de Womenalia

Sol Villar propone cambiar la pregunta con la que empezamos este artículo:

«La pregunta no es si vales para liderar. La pregunta es desde dónde quieres hacerlo».

El primer paso puede ser elegir una situación que hoy te cuesta y observar qué haces cuando aparece. Después, definir una conducta concreta que quieras practicar.

¿Qué barrera has descubierto en tu forma de liderar y qué estás haciendo para trabajarla? Comparte tu experiencia con la comunidad Womenalia.