Matchgénica, galardonada con el segundo Premio Emprendedoras 2025: cuando la ciencia se vuelve humana

Published on November 11, 2025

Matchgénica, el proyecto insignia de Duponte Group, representa una nueva forma de entender la ciencia: más humana, más consciente y más cercana. Nació desde dentro del sistema sanitario, cuando sus fundadoras detectaron que la tecnología podía ir mucho más allá de la automatización para convertirse en una verdadera aliada del bienestar.

Hoy, tras ganar el segundo premio en los Premios Emprendedoras 2025 que impulsa Madrid Emprende, este proyecto se consolida como un referente en genética aplicada y medicina personalizada. Con el propósito de humanizar la tecnología y devolver el tiempo y la mirada al paciente, Matchgénica avanza hacia su próxima meta: demostrar que la medicina del futuro no es otra cosa que una medicina más humana. Hemos hablado con Camila Puentes, CEO y fundadora del proyecto.

Matchgénica DUPONTE GROUP nace como un proyecto innovador en el ámbito de la genética y el bienestar. ¿Cómo resumirías la esencia del proyecto y qué te inspiró a crearlo?

Matchgénica nació de una necesidad que observamos desde dentro del sistema sanitario. 

Matchgénica nació casi por necesidad.

Yolima, mi socia y fundadora principal de Duponte, estaba haciendo su tesis doctoral en el Hospital Virgen de la Macarena, y pasaba horas y horas secuenciando datos genéticos de forma manual. Y, la verdad, no voy a mentir:  es un proceso lento, repetitivo y con mucho margen de error humano.

En ese proceso notó que buena parte del trabajo científico todavía se hacía de forma muy manual, y que la tecnología podía hacer mucho más que ahorrar tiempo.

Porque el problema no era solo técnico, era humano. En los hospitales, los médicos tienen apenas diez minutos por paciente, y buena parte de ese tiempo lo pasan mirando una pantalla, ajustando dosis o revisando historiales. Muchas de esas consultas se repiten porque el tratamiento no se adapta al paciente.

Matchgénica nació para cambiar eso, para que la tecnología ayude a descongestionar el sistema, a reducir errores de prescripción, evitar efectos adversos prevenibles y, sobre todo, para que el médico pueda volver a mirar al paciente a los ojos.

Duponte defiende una forma distinta de hacer ciencia, más abierta, colaborativa y humana. ¿Qué significa para ti “hacer ciencia con propósito”?

Para mí, hacer ciencia con propósito significa no olvidar para quién investigamos. La ciencia sin un “para qué” corre el riesgo de volverse estéril, de quedarse en la publicación o en la métrica. En Duponte creemos que el conocimiento tiene sentido cuando mejora la vida de las personas, cuando se comparte, cuando genera confianza.

Hacer ciencia con propósito es trabajar desde la empatía, no solo desde la precisión y rigurosidad científica. Es entender que detrás de cada muestra que nos llega para secuenciar hay personas, que es algo que muchas veces se olvida en los laboratorios. 

Y eso cambia completamente la forma de investigar, de comunicar y de innovar.

¿Cuál fue el momento en el que sentiste que esta idea podía convertirse en un proyecto real y viable?

No creo que haya un único momento, la verdad. Supongo que los premios y los reconocimientos ayudan, porque significan que otras personas también ven potencial en lo que haces. Pero soy consciente de que una idea, por sí sola, no sostiene una empresa.

Creo que fue cuando vimos que el concepto funcionaba fuera del papel y empezamos a notar que no estábamos solos en el mercado. Ver competidores no me desanimó, al contrario: me hizo pensar que, si ellos habían podido hacerlo, nosotros también. Además, nos dio la oportunidad de observar, aprender y detectar áreas de mejora.

Antes de fundar Duponte, ¿te habías imaginado emprendiendo o hubo un punto de inflexión que te llevó a dar el salto al emprendimiento?

En realidad, Duponte nació como una evolución natural. Yolima y yo ya teníamos experiencia con otras empresas, pero no tenía del todo claro cómo quería enfocar la siguiente. Entonces, el emprendimiento no fue una meta en sí misma, fue la consecuencia de querer resolver un problema que ella había vivido en primera persona.

En un sector en el que la innovación tecnológica avanza tan rápido, ¿qué dificultades o barreras encontraste al desarrollar el producto y hacerlo llegar al público?

Además de las dificultades habituales, como la financiación o la búsqueda de inversores que comprendan el valor a largo plazo de la salud, la regulación es, sin duda, una de las mayores barreras. En este campo no basta con tener una buena idea, se necesita personal altamente especializado que garantice que cada solución propuesta cumple con los estándares éticos y científicos que exige la biotecnología. Y eso, aunque retrasa los procesos, también es lo que da solidez al proyecto. 

Y respecto a la parte técnica de Matchgénica, el mayor desafío fue integrar tantas bases de datos genéticas distintas sin que los algoritmos internos se confundan o colapsen. Las bases de datos genéticas cambian constantemente, entonces había que construir un sistema capaz de actualizarse solo, sin depender del trabajo manual pero que fuera robusto también.

¿Cómo consigues equilibrar la parte científica del proyecto con la cercanía y confianza que requiere el trato con los clientes?

Un papel enorme, aunque todavía estamos construyendo esa parte. Sabemos que, en este sector, las publicaciones científicas dan credibilidad y ayudan a generar confianza, especialmente con hospitales y entidades públicas.

Mientras tanto, hemos puesto el foco en algo igual de importante, comunicar bien lo que hacemos, en traducir nuestros avances a un lenguaje que puedan entender tanto los profesionales como no profesionales. La ciencia sin comunicación se queda a medio camino.

Hablando de competencia, ¿qué crees que diferencia a Duponte de otras propuestas relacionadas con el análisis genético o la salud personalizada?

Nuestra diferencia es la visión de ecosistema. Matchgénica no es un proyecto aislado, sino parte de un modelo más grande. Duponte funciona no solo como empresa con diferentes áreas y servicios a parte de Matchgénica sino también como una incubadora de ideas.

Fomentamos que nuestros propios empleados propongan nuevos servicios o productos, sean o no innovadores, los probamos dentro de la empresa y, si demuestran potencial, los ayudamos a convertirse en compañías independientes.

Eso genera un entorno muy vivo, donde la innovación es también un activo.

Ganar el segundo premio en los Premios Emprendedoras 2025 de Madrid Emprende es un gran reconocimiento. ¿Qué ha significado para ti este galardón, tanto a nivel profesional como personal?

La verdad, no te voy a mentir. No íbamos con ninguna expectativa. Estábamos ya medio molestas pensando “hemos venido a Madrid para nada”, y al final, nos llamaron y me quedé mirando a mi compañera como diciendo: ‘¿En serio? ¿Nosotras?.

Por eso más que un premio, fue una sorpresa. Lo vivimos con mucha emoción y, sobre todo, con la sensación de que el esfuerzo había valido la pena. No por el trofeo, que está muy bien, sino porque fue como una señal de que el proyecto empezaba a tener eco fuera del entorno en el que solemos movernos.

Más allá del reconocimiento, ¿Qué te gustaría que la gente comprendiera cuando escucha el nombre de Matchgénica o Duponte?

Queremos que, detrás de ambos nombres, se reconozca una forma distinta de mirar la ciencia.

Duponte y Matchgénica no nacieron sólo para analizar datos genéticos, sino para poner la tecnología al servicio de las personas.

No queremos que nadie vea el ADN como algo complejo, lejano y difícil de integrar en cualquier disciplina médica.

Si al escuchar “Duponte” o “Matchgénica” alguien piensa en una ciencia más humana, más consciente y más cercana, entonces estamos cumpliendo nuestra misión.

Mirando hacia el futuro, ¿Cuáles son tus objetivos a corto y medio plazo? ¿Qué próximos retos te gustaría alcanzar con Duponte?

A corto plazo, nuestro foco está en realizar pilotos clínicos de Matchgénica en diferentes entornos sanitarios para validar su uso en un entorno real y terminar el proceso de certificación que nos permitirá ofrecer el producto con todas las garantías.

A medio plazo, buscamos consolidar nuestra presencia tanto a nivel nacional como internacional, especialmente en Europa y América, donde vemos un enorme potencial de colaboración en salud personalizada y salud digital.

Y más allá de los objetivos técnicos, nuestro gran reto sigue siendo conseguir que la medicina personalizada sea simplemente medicina.

Si pudieras volver al inicio del proyecto, ¿Hay algún error o aprendizaje que hoy abordarías de forma diferente?

Sí: la impaciencia. Al principio queríamos que todo funcionara rápido, y la ciencia no entiende de prisas. Aprendimos que la innovación necesita madurar, probarse, fallar.

 Desde tu experiencia, ¿Qué consejo le darías a otras mujeres que están pensando en emprender, especialmente en sectores tecnológicos o científicos?

Lanzar un proyecto, o cualquier decisión importante, es un poco como saltar sin mirar. Yo lo aprendí a las malas, así que si puedo ahorrarte el golpe, te dejo tres cosas que ojalá alguien me hubiera dicho antes:

No construyas sin validar primero: En ciencia, en tecnología o en cualquier ámbito, una idea no vale nada hasta que alguien la necesita. A veces nos enamoramos tanto del proyecto que olvidamos preguntarnos si realmente resuelve algo.

No aceptes dinero solo porque sí: Los recursos son importantes y cualquier inversor puede llegar a parecernos un amigo, pero no todos los inversores suman. Aprendí que es mejor avanzar más lento con coherencia, que rápido con alguien que busca más su beneficio que el de ambos.

Lee bien (todo, siempre): Contratos, acuerdos, correos, incluso lo que parece obvio. Las palabras importan. Y muchas veces, lo que marca la diferencia entre crecer o tropezar está en los pequeños detalles que no revisamos por falta de tiempo.

Emprender es un viaje de paciencia y criterio. No se trata de hacerlo perfecto, sino de no perder el sentido de por qué empezaste.

Finalmente, ¿Qué valor tiene para ti la existencia de comunidades como Womenalia, que impulsan el desarrollo profesional femenino y crean redes de apoyo entre mujeres emprendedoras?

Creo que el verdadero valor está en la conversación que generan. No se trata tanto de crear espacios “solo para mujeres”, sino de abrir espacios donde las voces diversas puedan escucharse en igualdad de condiciones.

A mí me gusta pensar que comunidades como Womenalia son transitorias en el mejor sentido: existen porque aún hacen falta, pero su propósito final es dejar de ser necesarias.

Mientras tanto, lo que más valoro es la oportunidad de compartir experiencias sin competir, de hablar de liderazgo, de ciencia o de empresa desde la autenticidad, sin tener que adaptar el discurso a los estándares tradicionales.

Más información:  www.duponteadn.com

LinkedIn: Duponte group | Instagram: @duponte academy